El 9 de noviembre de 1989, cerca de la medianoche, hora de Europa Occidental, las televisiones de todo el globo habían interrumpido su programación habitual para conectar en directo con Berlín. El muro estaba cayendo. Fue una noche de alegría desbordada en las dos Alemanias, en toda Alemania.
Pero el Muro de Berlín no fue el último en caer. Y tampoco fue el final de las ciudades divididas. El que quizá podía ser considerado el último muro de Europa fue derribado 15 años después que el de Berlín, cuando Eslovenia entró en la Unión Europea, y las ciudades de Nova Gorica y Gorizia (Eslovenia e Italia, respectivamente), dos pequeñas localidades al pie de los Alpes, dejaron de pertenecer a dos mundos distintos.
Hasta entonces ambas ciudades habían estado separadas por una cerca que hacía las veces, en la zona, de telón de acero un tanto sui generis. A diferencia de Berlín, Nova Gorica y Gorizia no son una sola ciudad partida en dos por la frontera, como Valga y Valka, sino que la parte eslovena fue construida junto a la raya fronteriza posteriormente al trazado de ésta. En la práctica, sin embargo, Nova Gorica y Gorizia son un continuo únicamente quebrado, y no demasiado, por la frontera.

Hito fronterizo italoesloveno entre Nova Gorica y Gorizia (click para ampliar).
El origen de la división se remonta a 1947. Al finalizar la I Guerra Mundial, Italia se anexionó el territorio en el que ahora están ambas ciudades, hasta entonces perteneciente al extinto Imperio Austro Húngaro. En la provincia de Gorizia, de la que la ciudad homónima era y es la capital, se encontraba una importante minoría eslovena, que usaba (y usa) su lengua y convivía sin demasiados problemas con los italianos. Hasta que el ascenso del fascismo provocó la represión contra los eslovenos, incluyendo la prohibición del uso público de su idioma. Al finalizar la II Guerra Mundial el territorio fue ocupado por los partisanos yugoslavos, antes de que los aliados tomaran el control en 1947. El tratado de paz de París obligó a fijar una frontera entre Italia y la naciente Yugoslavia de Tito, que las autoridades de EE.UU. fijaron, en la zona de Gorizia, exactamente en la línea de ferrocarril. Así, cuatro quintas partes de la provincia de Gorizia pasaron a formar parte de Eslovenia, mientras que la propia ciudad de Gorizia, situada al oeste de las vías, permaneció casi en su totalidad en territorio italiano. A Yugoslavia le correspondió la estación y unos pocos edificios al este de ella.

Sobre estas líneas, foto de la frontera entre Nova Gorica y Gorizia. A la derecha, Eslovenia, a la izquierda, italia. El paseo entre las dos verjas aparentemente es tierra de nadie. En la imagen inferior, la casa que se ve al fondo de la primera fotografía. En la esquina de la verja puede verse el hito fronterizo entre Italia y Eslovenia. Por tanto, el carril bici de la primera foto es territorio esloveno a todos los efectos. Ambas fotografías son de Un Argentino en Eslovenia.

Los eslovenos de Gorizia se vieron obligados a fundar y construir una nueva ciudad, a la que llamaron, como no podía ser de otra forma, Nova Gorica, o sea, Nueva Gorizia en esloveno. Yugoslavia cayó al otro lado del Telón de Acero, y éste se materializó en una verja coronada con alambre de espino de cuarenta kilómetros de largo, que separó de manera traumática a los eslovenos de ambos lados. Aproximadamente una décima parte de ellos se quedaron en Italia; el resto se marcharon a la ciudad recién fundada. Nova Gorica fue repoblada, además de con los eslovenos de Gorizia, con gente de otras poblaciones cercanas. En pocos años se convirtió en la ciudad más importante del oeste de Eslovenia. Para celebrar el éxito en la construcción de la nueva ciudad, Tito colocó su nombre en grandes letras de piedra en una colina a seiscientos metros de la frontera, perfectamente visible desde el territorio italiano. La aparición de casinos y locales de alterne en el lado yugoslavo de la verja, y su inexistencia en Gorizia, convirtió a Nova Gorica en una especie de mini Las Vegas Adriático, que atrajo turismo tanto del resto de Yugoslavia, como del lado italiano de la frontera.

Un partido amistoso de voleibol usando la verja fronteriza como red, en el año 2004.
Así, Gorizia y Nova Gorica se convirtieron en ciudades complementarias. La localidad italiana ofrecía trabajo y la eslovena casinos, en Gorizia se encontraba la historia y los monumentos, y en Nova Gorica los precios bajos y los locales de alterne. A un lado de la frontera se podían comprar pantalones vaqueros y supermercados muy bien surtidos, y al otro emociones fuertes en los rápidos del río Isonzo. En un caso clásico de economía de frontera, los coches italianos hacían cola los fines de semana para llenar sus depósitos en Yugoslavia, donde el combustible era más barato. Durante décadas ambas ciudades vivieron oficialmente de espaldas la una a la otra, y sin embargo los lazos se fueron estrechando lenta pero inexorablemente. Cuando cayó el Muro, la colaboración entre las dos ciudades se tornó oficial. Las medidas de seguridad en la verja desaparecieron progresivamente, fueron retiradas las torres de vigilancia, y el Muretto, nombre jocoso dado por los goriziani a la verja, fue disolviéndose poco a poco. A finales del año 90 de la verja original sólo quedaba un pálido reflejo, más bien simbólico, de metro y medio de altura. Tras la independencia eslovena de Yugoslavia, las relaciones entre los ayuntamientos de ambos lados de la línea se hicieron cada vez más estrechas.

Una casa italiana separada de un jardín esloveno por la frontera (click para ampliar). En primer plano, un hito fronterizo. © Rolf Palmberg.
La estación de tren, como se comentaba más arriba, fue uno de los pocos edificios que cayó del lado esloveno tras el tratado de paz de 1947. La frontera quedó establecida a unos metros al oeste de la vía férrea. Lamenrablemente, la estación se encontraba en ese lado, el oeste, y su fachada principal daba a territorio italiano, por lo que la parte delantera del edificio se convirtió en la trasera. Y así estuvo la cosa hasta el año 2004. En ese año Eslovenia entró oficialmente en la Unión Europea. Para celebrarlo, los ayuntamientos de Nova Gorica y Gorizia derribaron la verja alrededor de la estación, y construyeron a escote una plaza binacional (la Plaza de Europa) ante la fachada de la estación. La plaza resultó ser la antesala de la entrada de Eslovenia en Schengen. Desde su construcción, fue una zona de libre tránsito, en la que artistas callejeros de ambos países montaban sus números. Pero hasta el año 2007 la frontera siguió existiendo, y salir de la plaza por el otro país continuó estando prohibido. Cuatro carteles advertían de ello en cada una de las esquinas de la plaza.

Sobre estas líneas, uno de los cuatro carteles en la Piazza della Transalpina, o Plaza Europa, indicando la prohibición de cruzar la frontera. Fueron retirados en 2007, cuando Eslovenia ingresó en el espacio Schengen. Debajo, una vista de la plaza, tomada desde el lado italiano de la misma; la línea de macetas marca la frontera entre Eslovenia e Italia. La estación de trenes queda a la derecha.

Hasta el año 2003 no se abrió la primera línea regular de autobuses entre ambas localidades. No tuvo demasiado éxito, en gran medida porque cada autobús tenía que parar para que las autoridades aduaneras revisaran los papeles de todos los presentes. En diciembre del año pasado, por fin, Eslovenia ingresó en el espacio Schengen, y la colaboración entre las dos ciudades, la vieja Gorizia y la Nova Gorica, se incrementó todavía más. Ahora los hospitales, los transportes, el abastecimiento de agua o el alcantarillado son comunes a ambos países, aún manteniendo su independencia. La verja fue derribada por completo, y la convivencia entre los dos pueblos sigue siendo ejemplar, pese a la diferencia de leyes, lenguas y culturas. Ayuda bastante el que la mayoría de los eslovenos de Nova Gorica hablen italiano (al revés no sucede lo mismo). En algunos casos, las fronteras no dividen, sino que unen a los pueblos de ambos lados en una nacionalidad emocional, si se me permite la atroz expresión, distinta a las dos pertenencias legales. Nacionalidad: Fronterizo.

Arriba, monumento a la amistad junto a la estación de Nova Gorica. Bajo estas líneas, la ceremonia de inauguración de la plaza binacional, la medianoche del 12 al 13 de febrero de 2004. Los dos alcaldes, el de Nova Gorica y el de Gorizia, celebraban así la entrada de Eslovenia en la UE.

Para saber más:
El último muro de Europa. en El Mundo, año 2004; El último muro, así, a secas, en BBC mundo, el mismo año; Locuras fronterizas (y su segunda parte), de Un Argentino en Eslovenia. En la Wiki, las entradas de Gorizia y Nova Gorica. En italiano es interesante la entrada del Muro di Gorizia.
Las dos ciudades tienen su correspondiente entrada en la Wiki anglocabrona: Gorizia y Nova Gorica. En inglés también están los artículos en Ljublijana Life (Los muros se vienen abajo, 2004), el New York Times (Una ciudad no demasiado dividida, 1990) y Hidden Europe (Historia de dos ciudades gemelas, PDF, 2004).
Se pueden ver galerías de fotos en el sitio de Rolf Palmberg y en Flickr.